Era dueño de sí, dueño de nada
Como no era de dios ni de los hombres,
nunca jinete fue de la blancura,
ni nadador, ni águila.
su tierra estéril nunca los frondosos
verdores consintió de una alegría,
ni los negros plumajes angustiosos.
Era dueño de sí, dueño de nada.
Era mi dolor tan alto,
que la puerta de la casa,
de donde salí llorando,
me llegaba a la cintura.
¡Qué pequeños resultaban
los hombres que iban conmigo!
Crecí como una alta llama
de tela blanca y cabellos.
Si derriban mi frente
los toros bravos saldrían,
luto en desorden, dementes,
contra los cuerpos humanos.
Era mi dolor tan alto,
que miraba al otro mundo
por encima del ocaso.
EXPRESA DOLOR Y ARREPENTIMIENTO
lunes, 19 de noviembre de 2007
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