lunes, 19 de noviembre de 2007

El egoísta

Era dueño de sí, dueño de nada

Como no era de dios ni de los hombres,

nunca jinete fue de la blancura,

ni nadador, ni águila.

su tierra estéril nunca los frondosos

verdores consintió de una alegría,

ni los negros plumajes angustiosos.

Era dueño de sí, dueño de nada.

Era mi dolor tan alto,

que la puerta de la casa,

de donde salí llorando,

me llegaba a la cintura.



¡Qué pequeños resultaban

los hombres que iban conmigo!

Crecí como una alta llama

de tela blanca y cabellos.



Si derriban mi frente

los toros bravos saldrían,

luto en desorden, dementes,

contra los cuerpos humanos.



Era mi dolor tan alto,

que miraba al otro mundo

por encima del ocaso.

EXPRESA DOLOR Y ARREPENTIMIENTO

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